He leído acerca de generaciones enteras
Que han sucumbido ante las nuevas tendencias;
Jóvenes dementes que han corrido por los entresijos
Del tiempo buscando algún hueco por el que escapar
De la psicodélica esquizofrenia que empezaba
A enraizar en sus vidas;
De trompetistas de jazz que componían desde melancólicos
Tejados mientras contemplaban cómo se iban apagando
Las luces de la ciudad;
Cantautores underground que murieron en soledad
En los andenes de los metros.
He conocido yonquis desamparados por la vida,
Putas que esperaban la llegada de un Cristo
Que las hiciera vírgenes;
He contemplado la batalla perdida de cupido
Contra los anticupidos que cabalgan a lomos
De los caballos del Apocalipsis;
He sentido una voz profunda, por las entrañas,
Más profundo quizás, voz blanca de alma perdida,
Que me susurraba llantos de olvido y maltrato
Por los vicios a los que le he sometido,
Y creo que en todo cuerpo resuena ese hilo
De vida, aunque tras una tela de tul;
Puede que sea la voz de la consciencia que nos avisa
Del mal que gobierna en el mundo,
Que intenta que tapemos las sangrantes heridas
De navajas y violencia que sufre nuestro siglo,
Pero sólo puede.
Mientras tanto,
Seguirá la psicodélica esquizofrenia recorriendo
Los mil caminos sin salida de nuestra existencia,
Seguirán los pederastas follándose a quinceañeras
Y las putas esperando…
Seguirá resonando el “aullido” de Ginsberg hasta la última bomba.
Que han sucumbido ante las nuevas tendencias;
Jóvenes dementes que han corrido por los entresijos
Del tiempo buscando algún hueco por el que escapar
De la psicodélica esquizofrenia que empezaba
A enraizar en sus vidas;
De trompetistas de jazz que componían desde melancólicos
Tejados mientras contemplaban cómo se iban apagando
Las luces de la ciudad;
Cantautores underground que murieron en soledad
En los andenes de los metros.
He conocido yonquis desamparados por la vida,
Putas que esperaban la llegada de un Cristo
Que las hiciera vírgenes;
He contemplado la batalla perdida de cupido
Contra los anticupidos que cabalgan a lomos
De los caballos del Apocalipsis;
He sentido una voz profunda, por las entrañas,
Más profundo quizás, voz blanca de alma perdida,
Que me susurraba llantos de olvido y maltrato
Por los vicios a los que le he sometido,
Y creo que en todo cuerpo resuena ese hilo
De vida, aunque tras una tela de tul;
Puede que sea la voz de la consciencia que nos avisa
Del mal que gobierna en el mundo,
Que intenta que tapemos las sangrantes heridas
De navajas y violencia que sufre nuestro siglo,
Pero sólo puede.
Mientras tanto,
Seguirá la psicodélica esquizofrenia recorriendo
Los mil caminos sin salida de nuestra existencia,
Seguirán los pederastas follándose a quinceañeras
Y las putas esperando…
Seguirá resonando el “aullido” de Ginsberg hasta la última bomba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario